No emigro solo, emigra todo conmigo. Emigran los sabores, los aromas, las texturas, las manos de mi madre, las de mi abuela. Porque lo milagroso no es mover mi cuerpo de un lugar a otro, lo milagroso es mover a tantos, a tantas cosas, y hacer que todo aquello no muera nunca.
Entonces, esa semilla que naufrago en el viento, renace en otro lugar, en otro cuerpo, que nunca la ha vivido.
